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Agenda Laboral y Sindical Progresista

Bogotá – 23 de septiembre del 2021

  1. La Anfibiedad

Al comenzar el camino de hilar este discurso que para mí es como un punto de inflexión, el gozne del destino, no me encontré con palabras sino con imágenes, muchas del pasado cercano y de momentos y personas, que son lo que soy de manera indeleble, pero también de sucesos lejanos que me han influido poderosamente a mí y a muchos de los presentes.

La primera imagen que me llega es la de Barrancabermeja, el único lugar que considero mi hogar. La Bella Hija del Sol es mi rincón del mundo más amado. Un territorio riquísimo, lleno de agua y petróleo, tierra fértil en exceso. Uno de los lugares con más recursos y oportunidades de Colombia.

Sin embargo, el destino o más bien el dedo de los poderosos del mundo nos convirtió hace más de un siglo en una economía de enclave, nos tocó iniciar el camino de la dependencia del petróleo y peor de una sola compañía, la Troco, que invertía casi nada, explotaba a miles de trabajadores y se lo llevaba prácticamente todo, amparados por el Estado colombiano y sus armas. Hace 70 años, luego de una huelga histórica, la USO y decenas de miles de ciudadanos por todo Colombia parimos Ecopetrol. Y aunque es hija de la obreriada petrolera, en estos días la empresa se porta como una multinacional de poco corazón y afiladas fauces, por mandato de Duque su junta directiva la preside Luigi Echeverry, su amigo y compinche. Anuncian venta de más acciones, le acaban de sacar 14.5 billones fingiendo la compra de ISA para tratar de evitar lo que no pueden atajar: que ganemos las elecciones en marzo y mayo de 2022.

Hace un siglo llegó la Troco y sus lacayos establecieron un municipio: Barrancabermeja, nos hicieron olvidar que desde el siglo XV nadaban, navegaban y caminaban por el Río Grande los Yariguíes, a fin de cuenta eran indios y la historia oficial no para de advertirnos que los españoles y los gringos vinieron a salvarnos, por ser razas destinadas por su dios para civilizarnos y llevarnos al cielo, si somos dóciles. Por eso, senador, esta aventura nos debe llevar a decidir si dejamos de ocupar el lugar al que los poderes del mundo nos han condenado o si nos atrevemos a ocupar el lugar que como pueblo decidamos.

Barrancabermeja es un crisol de pueblos, de acentos y culturas y un punto de encuentro, el cruce de muchos caminos y ese es el paisaje más fotogénico de la ciudad, no la refinería así sea estratégica y valiosa.

Porque hoy sería un acierto que nuestro distrito volviera a llevar el nombre que nuestros ancestros los Yariguíes le dieron: Latocca, la “Fortaleza que domina el río” el río al que tenemos que volver de manera urgente, las ciénagas que debemos salvar, que volvamos a lo más propio del Magdalena Medio: la anfibiedad.

  • La sororidad

Para mí, Barrancabermeja son las niñas del hogar comunitario que maneja mi mamá y son las caras de las madres, sus arrugas, es mi esposa y son mis hijas. Su trabajo diario y el amor que le imprimen a él son mi mejor imagen y todos los días me recuerdan la enorme deuda que tiene Barrancabermeja y Colombia con todas ellas y todo lo que nos falta para saldarla.

Un texto que la periodista paisa Patricia Nieto escribió para la Escuela Nacional Sindical en 2007 me recordó intensamente el paso de María Cano por Barrancabermeja a finales de 1926, cuando la USO preparaba su segunda huelga, la de 1927. La descripción que hace Patricia de la jornada vital de esa mujer, que había dejado de ser la señorita burguesa que les leía a los obreros en la biblioteca departamental de Medellín, para convertirse en la primera revolucionaria, y llegó a mi ciudad, delgada, cansada de huir de policías y militares, vestida de gris y con el pelo corto, pero con la voz intacta justo antes del estallido, en un país que les negaba la ciudadanía a ellas y a los obreros.

Hoy la agenda de la justicia de género en el mundo del trabajo es una lucha por el reconocimiento y la redistribución, por igual trato, por igual salario, por cero violencias y cero discriminaciones, por llegar a la dirección de los partidos, del gobierno y los sindicatos, debe ser un pilar del programa del Pacto Histórico y es un compromiso vital mío que asumo sin exclusiones para las mujeres del campo y las ciudades. Esa lucha ha sido agenciada por el movimiento social de mujeres con valor y muchas veces solas. María Cano fue fundadora de sindicatos y defensora de las mujeres trabajadoras. Me siento parte de esa herencia, de esa lucha.

  • Sindicalizarnos

Cuando María Cano fue expulsada de su partido y se refugió en Medellín, de donde no volvió a salir nunca, Colombia se aproximaba a la Revolución en Marcha.

La Masacre de las Bananeras y sus consecuencias, la emergencia liberal, el estrellato de Gaitán o la división de la élite conservadora llevaron a López Pumarejo a desatar desde la presidencia las reformas modernizadoras que limitadamente ampliaron la ciudadanía de los trabajadores y de las mujeres, una primera constitución del trabajo emergió con el acto legislativo 01 de 1936 y después con la ley 6ª de 1945.

Nos reconocieron, pero nos encerraron en las cuatro paredes de la empresa, era tanto el miedo a los sindicatos, que nos prohibieron la política y las actividades económicas, el ministerio de Trabajo inspeccionaba nuestra contabilidad y participaba de nuestras asambleas. Además, la élite luchó para que los nuevos artículos de la constitución o la ley 6ª no se cumplieran, la violencia de los años 50 fue desatada por los de arriba para detener las reformas lopistas, masacrar el gaitanismo y a los sindicatos. La CTC o la USO fueron ilegalizadas y la constitución suspendida una década.

Luego llega el Frente Nacional para que gracias a una oleada de huelgas y paros que duró una década, lográramos al menos la llegada del incompleto y antidemocrático Código Sustantivo de Trabajo y otras reformas que favorecieron la sindicalización hasta llegar a tener 15 sindicalizados por cada 100 trabajadores. Después llegó la guerra sucia, el tratamiento como enemigo interno y el neoliberalismo.

Y la segunda constitución del trabajo, la de 1991. León Valencia sostiene que la agravación de la guerra y el auge paramilitar o insurgente han sido una ofensiva para destruir la carta política que usted Gustavo y yo defendemos como pilar del Pacto Histórico y que en el mundo del trabajo está por cumplir.

La carta tiene sus paradojas senador, al comienzo pluralidad, participación, descentralización y derechos, pero en su parte dogmática encontramos la independencia del banco central o la constitucionalización de la entrada del capital a la prestación de los servicios públicos, la salud o las pensiones y la subsidiariedad del Estado en la prestación de esos derechos y servicios.

En la vida de los trabajadores y trabajadoras las consecuencias son nefastas. Así, mientras los derechos no se cumplen, leyes como la 50, la 100 o la 789 destruyeron el derecho a la seguridad social, desregularon las relaciones laborales, disminuyeron los ingresos por salarios y redujeron el sindicalismo en el sector privado a su mínima expresión.

Hoy el gobierno se precia de ofrecer a los inversionistas salarios bajos, plena desregulación y flexibilización contractual y casi nula posibilidad de sindicalización gracias a que la inspección del trabajo asusta menos que un espantapájaros. Y las consecuencias cuáles son: la peor explotación laboral en empresas como la chupasangre Teleperfomance que desangra a 50 mil jóvenes, la mitad de los cuales renuncian cada año porque no soportan los turnos, la presión por resultados, el incumplimiento de los salarios prometidos en su masiva publicidad o la intromisión de cámaras de 360 grados en sus casas. Una empresa que gana desangrando jóvenes.

Lo mismo pasa con las empresas de domiciliarios, con los trabajadores y trabajadoras de las tiendas D1, con las mujeres que venden chance y lotería, con las empleadas domésticas. Debemos rendirle homenaje a ellas y ellos que contra todo se han organizado con valor para lograr dignidad. Hoy aquí hay un grupo de hombres y mujeres de esos sectores a los que estamos apoyando jurídica y políticamente. Pido un aplauso para ellos y ellas y para los compañeros y compañeras del sector de la salud que sufren aún peores condiciones de explotación, deslaboralización y baja remuneración.

En 2011 el profesor Rodrigo Uprimny y un equipo de investigadores de DeJusticia construyeron para la Procuraduría General el informe Trabajo Digno y Decente en Colombia, un texto que conserva plena vigencia y que concluye que para lograr la universalización del trabajo decente y formal es necesario primero equilibrar la mesa entre trabajadores y empresarios, desarrollando la constitución y cumpliendo con el derecho internacional del trabajo, permitiendo la masificación de la sindicalización, expandiendo la negociación colectiva democratizando las relaciones laborales y a las organizaciones de trabajadores.

Por eso la agenda laboral y sindical del Pacto Histórico y de las organizaciones políticas, sociales y sindicales que confluimos hoy se debe componer de cuatro pilares:

  • La eliminación de la tercerización ilegal y la reducción de las posibilidades de tercerización legal, privilegiando la contratación laboral, directa, formal y con derechos.
  • La ampliación de la oferta de Empleos Verdes que permita reducir el desempleo a partir del aprovechamiento de nuestras enormes potencializades en agroindustria sostenible, energías limpias y transformación de infraestructuras para contribuir a la mitigación de los efectos del cambio climático y el desarrollo de tecnologías propias para avanzar en estos campos.
  • La realización de los derechos de libertad sindical para garantizar que la negociación colectiva mejore condiciones de vida, reduzca el temor y la incertidumbre presentes hoy en la vida de dos terceras partes del total de la fuerza laboral del país y les de capacidad, poder a los trabajadores y trabajadoras para acordar el valor y las condiciones de trabajo.
  • El desarrollo del punto UNO del acuerdo de paz con las Farc que permita desarrollar el agro, la agroindustria y la generación de millones de empleos en el sector rural, formalizados y con derechos.

En julio del 2022 presentaremos tres proyectos de ley estatutaria para desarrollar la constitución del trabajo de 1991:

  • Para materializar el artículo 53 de la Constitución Política derogando las leyes inconstitucionales aprobadas por los gobiernos del neoliberalismo que resucite al Ministerio de Trabajo y reviva la inspección laboral, una justicia laboral eficaz, oportuna y moderna. En el país se debe dejar de ser tolerante con la persecución antisindical y los crímenes contra el derecho de asociación.
  • Para desarrollar el artículo 39 de la Constitución sobre derecho de asociación sindical, compatibilizarlo con el convenio 87 de la OIT y hacer realidad el sindicalismo de rama.
  • Para cumplir el artículo 56 sobre derecho de huelga.

Y presentaremos siete proyectos de ley para:

  1. Garantizar la negociación colectiva multinivel y fortalecer la capacidad de negociación de los sindicatos más representativos, incluyendo además la garantía de negociación colectiva para las trabajadoras y trabajadoras domésticas,
  2. Reducir o eliminar la tercerización laboral en el sector público y privado.
  3. Crear empleos verdes y turquesa a partir de propuestas como la de la Confederación Sindical Internacional. Esta ley avanzará en el tema de transición energética justa a partir de experiencias como la española.
  4. Formalizar y darles derechos laborales a los trabajadores de plataformas a partir de la legislación o las decisiones judiciales emitidas en otros países.
  5. Otorgar una renta básica a los jóvenes para que puedan estudiar, contrato de aprendizaje laboralizado y educación superior pública y gratuita para hombres y mujeres jóvenes entre los 18 y los 25 años.
  6. Derogar el decreto 3164 de 2004 que en el régimen uribista profundizó la tercerización en el sector petrolero y abarató costos laborales que hoy genera huelgas y conflictos en las regiones como los que se adelantan hoy en el Magdalena Medio y en el Catatumbo.
  7. Actualizar las mesadas pensionales conforme al aumento del salario mínimo, ampliar la cobertura para la protección de la vejez y facilitar la identificación de actividades de alto riesgo para el acceso a pensiones especiales.

Una agenda completa que producirá transformaciones radicales y positivas en la vida de 24 millones de personas que trabajan, pero que al mismo tiempo debe ir aparejada con avances reales en la autoreforma sindical y en la modernización de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras para que salgan a ejercer un sindicalismo sociopolítico como recientemente lo sugirió el mismo Papa Francisco en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo. Nuestro movimiento debe soltar amarras de las inercias que ha producido 85 años de legislación laboral colectiva restrictiva, hoy anacrónica e inconstitucional que beneficia solo al empresariado. Debemos soltarnos, conectarnos con una sociedad mayoritariamente sin derechos, necesitamos sindicalizar lo social. No perderemos nada, por el contrario, ganaremos mucho.

4. Transitemos

Como usted Gustavo y muchos especialistas lo han dicho, un pilar de los debates políticos y electorales que se avecinan es el cambio en el modelo de desarrollo. Ese nuevo modelo debe ser radicalmente distinto para alcanzar las metas de reducir radicalmente la desigualdad, la segregación social y la pobreza y para que nuestra nación pase de la matriz extractivista como sostén de la economía a un modelo de producción basado en el conocimiento que afectivamente ataje las consecuencias del cambio climático.

Las organizaciones sindicales de la energía de las que participo han avanzado en el camino para la construcción de una propuesta que nos permita lograr una Transición Energética Justa con Trabajo Decente, con enfoque de género y territorial. El proceso de transición energética que proponemos debe basarse en al menos cuatro cosas:

  1. Que haya una política pública nacional de transición justa que como mínimo permita cumplir realmente las metas del Acuerdo de París.
  2. Que esa política sea implementada mayoritariamente por empresas y entidades del Estado y que el Estado a su vez pueda regular y monitorear la intervención de los actores privados del sector minero y energético.
  3. Que los avances en el proceso de transición energética no destruyan el trabajo decente, ni a las organizaciones sindicales del sector, sino que por el contrario genere condiciones laborales dignas y una fuerte organización sindical en el nuevo sector energético.
  4. Debemos incluir en nuestros procesos de negociación colectiva planes de transición y gestión de posibles cierres, así como el diseño concertado de planes de reconversión laboral para los trabajadores y trabajadoras que pudieren verse afectados.

A nombre de esas organizaciones quiero de nuevo reafirmar nuestro compromiso con un proceso de transición justo, planeado y democrático para que la población de los territorios mineros no se vea afectada por la destrucción masiva de empleos, sus sindicatos y la reducción de ingresos por regalías e impuestos.

Sabemos que la Transición Energética es un asunto de sobrevivencia y un componente prioritario de la agenda del sindicalismo mundial y el de nuestras organizaciones. La degradación ambiental y la reacción ciudadana mundial deben llevar a replantear la industria, a fijar metas y plazos eficientes para abandonar los combustibles fósiles y adoptar nuevas tecnologías, ojalá propias.

En 20 años de vida laboral en Ecopetrol, 18 años en la Unión Sindical Obrera y otros tantos al lado de la academia y  lucha por la justicia y la dignidad de los trabajadores, he forjado una sólida convicción sobre la necesidad de cambios profundos en nuestra sociedad desde el mundo del trabajo si queremos vivir en una sociedad libre del temor, de la incertidumbre o de las fáciles idas y venidas desde y hacia la pobreza de millones ciudadanos y ciudadanas que padecen informalidad, explotación y desprotección en sus lugares de trabajo. Al dejar a la USO, organización que presidiré hasta el 31 de octubre no abandono mi compromiso con los trabajadores y trabajadoras, al contrario, será cada día más profundo.

Quiero saludar a los sindicatos que institucionalmente ya se han sumado al Pacto Histórico: ACEB, SNTT, UNEB, a mi querida Unión Sindical Obrera, USO.  A mis amigos y amigas de UTP, sus luchas también serán mis luchas. También quiero invitar a las demás organizaciones, a deliberar en sus juntas y en sus asambleas sobre la necesidad de participar activamente este momento histórico, convertir sus sedes en puntos de encuentro para el Pacto Histórico, articular con las demás organizaciones sociales y políticas progresistas y disponer de su infraestructura nacional para hacer el proselitismo, llenar las urnas y cuidar los votos. Necesitamos salir a las calles.

Por último, quiero agradecer a mi escuela de formación, activismo y liderazgo político: el Partido del Trabajo de Colombia, con Yezid García, Jorge Santos, Marcelo Torres, Consuelo Ahumada, Fabio Arias, Natalia Zarate, Miguel Delgado, Claudia Caballero, Raúl Moreno, el profesor, Miguel Pardo y nuestro querido compañero Francisco Castañeda, ahora candidato a la cámara por la capital y otros tantos compañeros y compañeras, he aprendido a apreciar la importancia de las organizaciones políticas con principios y militancia, le agradezco a ellos y a los miembros de la dirección, a todos los militantes su confianza. No fallaremos en esta hora decisiva.

Viva el Partido del Trabajo de Colombia

Viva el Sindicalismo Colombiano

Viva el Pacto histórico.

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